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viernes, 4 de octubre de 2013

Instrucciones para probar un limón





1. Hay que tener un poco de sed, que el amarillo entre por los ojos con ganas. Tu cerebro tiene que estar alerta y ver una expectativa.

2. Los limones han de ser de verdad: irregulares, consistentes y sin sulfatos; del Sur, preferiblemente de un patio,  de una huerta familiar.

3. Elige solo uno y apriétalo entre la palma de la mano y la punta de los dedos para calibrar peso y consistencia. Ahora cierra los ojos y visualízalo. Conecta por un momento tus huellas dactilares con cada célula nerviosa y la rotunda solidez del limón. Es un instante precioso porque la imaginación y la realidad buscan una convergencia.

4. Raspa o levanta una buena lasca de la corteza con un cuchillo sin llegar a la pulpa, deja a la vista la esponjosidad blanca del limón, notarás los poros vaporizando aceites. Cierra los ojos y huélelo por la zona del corte.

5. Continúa con los ojos cerrados, acerca la punta de la lengua presionando suavemente buscando distinguir la suavidad del albedo y el contraste perfumado de la esencia de la corteza. Ese primer sabor resulta poderoso y refrescante.   

6. Déjate llevar. (Aquí tienes que buscar asociaciones de experiencias ya vividas, seguro que tienes conexiones interesantísimas con las sensaciones que te pueden provocar estos sabores; si un bebé usa el gusto para reconocer objetos, entonces ¿cuánto material no tendremos almacenado tan primitivo y olvidado en algún rincón del cerebro?).

7. Abre los ojos y raspa ahora ese mismo espacio descarnado con el filo de los dientes (No muerdas la corteza sin haber llegado al albedo porque ese sabor es muy amargo). Y pasa suavemente la punta de la lengua por tus labios, hay otro sabor, los notarás más turgentes, como picosos y un toque de bergamota aparecerá como una nota reconocible. Ahora son tus labios los que huelen, los que saben, los que se alteran, presiónalos suavemente con los dientes, reconócelos en ese latir afrutado.

8. Corta el limón en dos. Huélelo otra vez: es el ácido cítrico lo que percibes ahora.

9. Prueba a morder con el filo de tus dientes incisivos con tanto tacto que seas capaz de notar cómo crujen las celdillas de la pulpa. A partir de aquí empezará la guerra entre los jugos y la carne: échale valor y pasa la lengua por los zumos y juega a intentar no cerrar los ojos.   


10. Por un momento piensa en el ácido, en el futuro escozor; tu mente se adelanta, te previene, “¡peligro!, ¡peligro!” dice tu cerebro, la sensación puede ser amarga y tus labios ya lo saben y tus dientes también, es la a quemazón en esas gotas de fuego: algo tan común, tan cotidiano como el limón despierta las heridas, esas que la saliva ha adormecido con su bálsamo constante, con su rutina sin sobresaltos. No así la lengua que se encrespa, se afina, se prepara y está muy despierta...

11. Es el momento de poner gozosamente en duda las teorías de Platón, así que ve a por chocolate negro 80% y mordisquéalo, no hay nada como el contraste para descubrir el relieve de la vida. 

12. Si puedes... compártelo. Riquísimo.

2 comentarios:

  1. ¡Uf! me has hecho recordar vívidamente los limones "cascarúos" que comía en Semana Santa, con sal, en mi niñez. Recuerdo perfectamente el sabor, la acidez, el olor...

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  2. Pues ahora, sigue la receta paso a paso y no te saltes la parte del chocolate. ;)

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